La llorona

Desde hace algunos años he estado perfeccionando el arte de dejarme llevar libremente en el momento en que siento que quiero llorar. De alegría, de tristeza, de hambre, de cansancio, por escuchar acordes tristes, por cosas asombrosas, etc. Cualquier cosa puede ser un detonador, pero la gran mayoría de las veces en mi pasado he elegido tragarme ese nudo de emociones. Quizás ha sido porque soy la hermana mayor y siempre había gente más llorona que yo al lado mío, gente que podía, más rápida y efectivamentemente, evocar la emoción triste del momento (las emociones felices ya las tenia bajo control… o descontrol supongo 😛 ) .

Pero ha medida que he estado mas sola he encontrado muy útil el dejar fluir, a ratos, de forma líquida mis pensamientos y acompañar así, los momentos de mi vida.

Hoy tengo un ejemplo.

Decidí ir a la exposición de Arte Islámico aquí en Santiago de Chile y fui transportada desde el primer momento a una emoción tan triste, profunda y maravillosa, que tuve que escribirlo.IMG_20150418_154510

¿No es gracioso que el orden espacial de ciertas cosas, ciertos colores y ciertas formas te transporten a situaciones que viviste en lugares que habías olvidado en tu vida presente?

Es sobrecogedor.

Es usualmente sobrecogedor para mí el ir a museos por pensar en los muy ciertos hechos que rodearon los utensilios que ahí se exhiben. Porque se hicieron para algo o por alguna razón. Ahí es cuando mi mente vuela en especulaciones profundas que se llegan a sentir tan reales que me producen emociones completamente ridículas. Ridículas porque yo se que yo me las estoy IMG_20150418_154831inventando a mí misma.

Como cuando vi un mortero mientras caminaba en la gran galería, y me puse a pensar que quizás fue usado en la cocina de un personaje importante en su tiempo o quizás para una cena exquisita que preparo una mujer árabe en la que estaba mezclando nuevos ingredientes. Quizás en ese mortero ella cocinó un delicioso hummus por primera vez! y todos los comenzales se deleitaron con la nueva receta y la replicaron en sus cocinas… quien sabe? puede haber sido así. Y como que casi puedo ver las expresiones de los rostros y olfatear los olores de las especias… y se me llenan los ojos de lagrimas de nostalgia por algo que yo inventé que quizás no sucedió. Que ridículo jaja … pero yo se que no es tan ridículo. Es maravilloso!

Por eso escribo, porque me parece muy interesante el por qué lloro.

Creo que lloro porque recuerdo lo que sentí en muchos de los tantos momentos que viví rodeada de utensilios e imágenes de escritura similar. Recuerdo el frío que hacía dentro del Museo de Arte Islámico en Doha, Qatar y como me lo tuve que aguantar porque era mediodía y eso significaba que afuera había más de 49°C y me podía rostizar. Me aguanté el frío además porque el lugar era bellísimo y me habría quedado mucho tiempo más. El museo estaba casi vacío. Yo era la única mujer sin un pañuelo cubriendo mi cabeza y con los brazos descubiertos, lo que supongo que fue una indicación instantánea para los 2 guardias del museo, que me invitaron a salir y me pidieron mi numero telefónico en pisos diferentes, de que yo estaba “disponible”. Vulnerabilidad.

Creo que lloro por las increíbles aventuras con mi hermanito y una amiga en Agya Sophia en Estambul, Turquía, haciendo sesiones fotográficas en los templos y calles en Ramadan, discutiendo y aprendiendo del Islam. Asombro, Solemnidad y Reverencia.

Mas que nada lloro por el tiempo que pasé con mis amigos en Israel y Jordania. Mas que nada lloro por eso. Porque están lejos y estos sonidos y canciones me recuerdan las conversaciones nocturnas que tuvimos. Los acentos, los cafés, los shishas compartidos, las miradas y chistes y abrazos. Me recuerda el lugar tibio que creamos al compartir impresiones, opiniones, dolores, frustraciones, impotencia y esperanza. Amistad, Confianza.

Lloro por todas las emociones y gente y lugares que no están aquí. (¿Por qué no están aquí? Cierro los ojos y es la misma música que los vendedores ponían en las calles…por qué no están aquí?) Lloro y no entiendo estas emociones. No entiendo lo que siento, pero no por eso me voy a prohibir llorar. Nop.

IMG_20150418_154900Porque estoy creando otro recuerdo ahora.

“Me acuerdo cuando escribí por más de una hora en el Museo del Palacio de la Moneda… escribí sentadita en el suelo acerca de todas las emociones que sentí por tratar de ser una llorona”.

Y ahí voy a llorar también.